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4 de septiembre de 2007

Algún dibujante bueno hubo en Transformers


Cuenta la leyenda que allá por los años 80 la editorial Planeta, subsello Forum, publicaba en España el catálogo de cómics de la americana Marvel, entre los cuales se encontraba un título cuya función era servir de gancho para los posibles compradores de unos juguetes llamados Transformers.

Sea cierto o no lo primero, lo que sí es seguro es que aquella colección existió y algunos aún la recordamos. Y también recordamos que, a pesar de ser simpática, no fue agraciada precisamente con los mejores autores de La casa de las ideas.

Aunque, como muestra el dibujo anterior, algún autor bueno también se coló. En concreto, un tal William Johnson, cuyas magníficas ilustraciones para los números 6 y 7 de la serie quedaron grabadas en mi cerebrote paquidérmico. Después de un arduo trabajo de investigación, he conseguido algo de información sobre el autor y unos cuantos dibujines.

Jeje, no es que digan mucho, ¿no? En fin, espero que al menos os hayan gustado los dibujos, porque poquito más podréis ver de él. ¡Ah!, y no es que casualmente tuviera buena mano para los robots, los humanos se le daban igual de bien.

Como detalle curioso, si os habéis fijado en los créditos del primer dibujo del post, el entintado de estos dos números de Transformers corrió a cargo del grandísimo Kyle Baker, lo que sin duda contribuyó al buen resultado (y eso que el guión no era para tirar cohetes).


Trompacicos nostálgicos...

13 de noviembre de 2006

Memoria de Elefante: La conexión Fábulas/Elige tu propia aventura


Leyendo hace unos días el último tomo publicado de Fábulas, me vinieron a la cabeza (luego explicaré la conexión) aquellos libritos tan simpáticos de “Elige tu propia aventura”, y me entraron ganas de dedicarles un post.


Recuerdo que tuvieron bastante éxito en su día. Por si alguien no sabe de lo que estoy hablando, aquellos libros tenían la particularidad de estar escritos en segunda persona y ofrecer distintas opciones a lo largo de la narración que llevaban a diversos finales, permitiendo al lector formar parte del desarrollo de la historia.

Creo recordar que primero apareció la colección llamada propiamente “Elige tu propia aventura”, con historias principalmente de misterio e intriga fantástica, y poco a poco fueron surgiendo colecciones más sofisticadas, como la de personajes Marvel, o la de Dungeons & Dragons, que requería de tiradas de dados para determinar un camino a seguir o el resultado de algunos combates.

De todas ellas, la colección que recuerdo con más cariño es la de “La máquina del tiempo”, compuesta por unos libros blancos en cuyas aventuras debías viajar a través del tiempo para llevar a cabo una misión. El primero que leí, “La espada del samurai”, me fascinó, no sólo por su entretenida historia y (así lo recuerdo) sorprendente final, sino por las características propias de aquella colección: Se empleaban divertidos recursos gráficos para las transiciones temporales, había botones dibujados para las opciones a elegir, y, sobre todo, llevaban espectaculares ilustraciones a toda página, que para mí suponían toda una novedad y me mantenían largo rato admirándolas.

Y ahora, si todavía estáis leyendo, explicaré la conexión de la que hablaba al principio. Hace unos años volví a echar una ojeada a esos libros (aunque los tenía siempre a la vista, nunca reparaba en ellos), y descubrí que las ilustraciones que tanto disfruté de “La espada del samurai” estaban dibujadas por Steve Leialoha.

Leialoha es un artista poco prolífico del cómic americano que se carateriza por un entintado grueso y de aspecto algo plastificado. Lo recuerdo especialmente por aquel capítulo (¿o su continuación en un especial?) de los X-Men en el que Illyana Rasputín le contaba un cuento a Kitty Pride, y después me suena haberlo visto entintando cosas aquí y allí.

Y en Fábulas. Leialoha es uno de los entintadores habituales de Fábulas. Parece ser que al hombre es aficionado a los cuentos…

Después de ver aquello, revisé el resto de aquellos libros, a ver si encontraba uno con ilustraciones de Mignola, de Craig Russel o de algún otro autor del mundillo aficionado a los cuentos, aunque no hubo tanta suerte. Pero al menos, aquella tarde pude disfrutar de unas cuantas horas recordando mis divertidas lecturas juveniles.


Y colorín colorado…